Crítica de ópera ‘Tristán e Isolda’ Libreto y música Richard Wagner Dirección musical Susanna Mälkki Dirección escénica Bárbara Lluch Escenografía e iluminación Urs Schönebaum Vestuario Clara Peluffo Intérpretes Clay Hilley, Lise Davidsen, Brindley Sherratt, Tomasz Konieczny, Roger Padullès, Ekaterina Gubanova, Albert Casals, Milan Perišić. Orquesta y coro del Gran Teatre del Liceu Lugar Gran Teatre del Liceu, Barcelona 4El personaje de Isolda tiene algún parecido al Dalai Lama . Cuando un Dalai muere, su alma se reencarna en un recién nacido y los monjes budistas se ponen a buscarlo por todo el mundo, atendiendo a todo tipo de indicios. De manera similar, cuando la voz de una gran soprano wagneriana deja de poder abordar este papel, aficionados, mánagers y directores de teatros de ópera se lanzan a la búsqueda. Hay que localizar, cuanto antes, a una nueva Isolda que vuelva a hacer sonar esta partitura humanamente inabarcable sobre los escenarios. Pues bien: Isolda ha vuelto , y se manifestó la noche del lunes en el Liceo encarnada en la soprano Lise Davidsen , noruega de 38 años, valquíria de metro noventa de altura y voz portentosa donde las haya. El teatro de la Rambla se hundió al terminar la función. Esta es la crónica de una reencarnación anunciada que se empezó a gestar, como pasa con los Dalais, años atrás.Los orígenes de Isolda hay que buscarlos en los relatos medievales que hablan de un tema hoy aún vigente, que por algo la literatura universal es eso, universal. Es una chica bienestante de nación derrotada en guerra , que se ve convertida en botín para mayor gloria del gobernante de la nación vencedora. En el trayecto hacia su nueva vida, se enamora de su carcelero, Tristán. En manos de Wagner, Isolda alcanza una dimensión descomunal, inhumana, bella, agotadora. De ahí que muy, muy pocas sopranos puedan insuflarle toda la fuerza que necesita: fuerza dramática, teatral, vocal, física. La Isolda de Davidsen empezó a tomar forma hace tiempo. En una entrevista a este diario explicaba que le han venido pidiendo que aborde el papel desde que empezó a estudiar canto. Por eso el lunes todos los ojos de la lírica internacional estaban puestos en el teatro barcelonés. Entre el público, numerosos aficionados catalanes, por supuesto, pero también venidos del resto de España, prensa nacional e internacional e invitados como el director del Teatro Real, Joan Matabosch , y el exalcalde y expresidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón .Media hora antes de la función, los pasillos del Liceo ya eran un bullicio. El comentario más generalizado comparaba la emoción del momento con la expectación propia de la Noche de Reyes. Nervios, miradas cómplices y muchas ganas de saber si realmente se iba a producir el milagro. Y sí, se produjo.Desde el primer acto, se confirmó que Lise Davidsen es una Isolda de antología , y va a ser aun mejor cuando se vaya haciendo con el personaje y vaya midiendo mejor las fuerzas que le exigen esas cuatro horas sobre el escenario. En la primera parte, dio la sensación de estar algo comedida, prudente, para no llegar agotada al dúo del segundo acto y a la muerte de amor al final del tercero. Sabia decisión, si bien probablemente algo innecesaria vistos los resultados: energía le sobra, o al menos eso parece al verla cantar como si hacer todo lo que hace no requiriese demasiado esfuerzo. Las grandes son así. Más allá de su caudal imparable, hay que señalar que la gran virtud de Davidsen es la capacidad para proyectar la voz matizándola como requiera la partitura en cada momento. Se le escucha cuando canta fortísimo por encima de toda la orquesta, sí, pero también y sobre todo cuando apiana, cuando susurra, cuando crece y decrece lentamente, como las mareas. Lise Davidsen y Clay Hilley saludan al público del Liceo Sergi PanizoA su lado, Clay Hilley como Tristán. Es un excelente tenor wagneriano que, además, ha compartido tablas con Davidsen en repetidas ocasiones. Su solvencia está más que contrastada, si bien en algunos momentos del dúo del segundo acto pareció estar al límite para mantenerse a la altura que exige el torrente de voz de su compañera. Por su parte, Ekaterina Gubanova tira quizás demasiado del vibrato, pero sigue siendo una excelente Brangäne, y su canto desde uno de los palcos de proscenio preocupada por el destino de los amantes fue uno de los grandes momentos de la función.Como Kurwenal, Tomasz Konieczny lució expresividad y compenetración con Hilley en el tercer acto. Brindley Sherrat dibujó un rey Marke algo irregular, pero que convenció con su monólogo del segundo. Roger Padullés (Melot), Albert Casals (Pastor/marinero) y Milan Perisic (timonel) cumplieron a la perfección su cometido.Susanna Mälkki hizo una lectura solvente y personal de la partitura desde las primeras notas, el célebre ‘Acorde del Tristán’ que se considera que trastocó el paradigma de la armonía tonal y cambió la historia de la música a finales del siglo XIX. Mälkki lo hizo sonar lento, recreándose. En el primer acto pareció haber perdido algunas veces el timón, los metales no tuvieron su mejor día y ella no acabó de hacerse con la orquesta. Aun así, superados los escollos, firmó una dirección precisa, emocionante y bien compenetrada con los cantantes.Noticia Relacionada ÓPERA estandar Si La Orquesta y Coro Nacionales de España inauguran temporada con una intensa y interpretación de ‘Wozzeck’ Alberto González Lapuente «’Wozzeck’ es un laberinto musical plagado de dificultades técnicas, pero cuya complejidad arquitectónica tiene como único fin sostener una acción que habla más alto que las propias palabras»La dirección de escena de Bárbara Lluch recolectó algún que otro abucheo, cosa ya habitual en el Liceo cada vez que un director de escena sale a saludar, independientemente de la calidad de la puesta en escena que proponga. En este caso, el minimalismo se pone al servicio de Isolda, que aparece en todo momento mejor iluminada, mejor vestida y mejor todo que el resto de compañeros. Su propuesta es especialmente bella y efectiva para el segundo acto, soluciona bien las idas y venidas del primero y resulta algo anodina y desconcertante en el tercero, pero en términos generales es heroica e irreal a partes iguales, como lo es la ópera de Wagner.Al terminar, prolongados aplausos y vítores del público en pie para Lise Davidsen. Se obró el milagro . Los devotos de Isolda tienen su reencarnación. Ya podemos poner su nombre en la lista donde están las Flagstad, Nilsson, Mödl, Behrens, Varnay, Meier y las pocas Isoldas que en el mundo han sido.RSS de noticias de cultura/musica Read More 

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